No podía continuar así, se estaba volviendo loca y sentía que la vida se le estaba resbalando.
Tomó aire y con decisión se clavó un puñal en el pecho, bajando el cuchillo, y haciendo una raja tan grande como para meter su mano. Se arrancó el corazón de cuajo, tan rápidamente posible como pudo, y sin a penas mirar el agujero (pues con la sangre se mareaba).
Una vez terminó de coserse el pecho, observó minuciosamente su corazón (que aún seguía latiendo, recordándole al rabo de una lagartija...)
-No entiendo cómo puedes seguir latiendo... estás lleno de cicatrices... y otras tantas heridas profundas que siguen sangrando... Has sido un buen corazón... ingenuo, por confiar en todas las palabras, pero buen corazón después de todo...
Pero yo no puedo seguir así... al menos por un tiempo.
Cogió de nuevo la aguja y le dio un par de puntadas a las heridas, puso unas cuantas tiritas y lo metió en una cajita.
Cajita que sigue acumulando polvo en lo más alto de la estantería...
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